Listas

Las mejores películas de fantasmas

Del fantasma que no sabe que lo es al que solo quiere que lo escuchen: una guía por las películas que mejor han usado la aparición, con lo que aporta cada una y en qué orden conviene verlas.

Las mejores películas de fantasmas

El fantasma es la criatura más versátil del cine. No muerde, no persigue y casi nunca corre: se limita a estar, y en ese estar caben el miedo, la pena, la culpa y el chiste. Por eso las películas de fantasmas envejecen mejor que las de monstruos, y por eso esta lista salta del terror puro al melodrama sin despeinarse.

Va ordenada por tipo de fantasma, no por calidad, porque lo que distingue a unas de otras no es cuánto asustan sino para qué sirve la aparición.

Cartel promocional de Los otros
La película que mejor resume la idea central del género: a veces el fantasma es quien mira, no quien es mirado. Imagen: material promocional · datos de TMDB

El fantasma que no sabe que lo es

Los otros (2001)

Alejandro Amenábar construye una casa en Jersey, una madre que protege a dos hijos alérgicos a la luz y un servicio doméstico que llega sin que nadie lo haya llamado. Todo el trabajo de la película está en las reglas: las cortinas, las puertas que no pueden estar abiertas a la vez, la penumbra permanente. Cuando el mecanismo se revela, no queda la sensación de truco sino de haber estado leyendo el libro del revés. Es, además, una de las grandes películas del cine español por producción, y una lección de cómo se sostiene una atmósfera sin enseñar casi nada.

El sexto sentido (1999)

Es el título que popularizó el giro moderno y el que obligó a toda una generación de espectadores a ver las películas dos veces. Funciona porque el giro no es lo mejor que tiene: lo mejor es la relación entre el niño y el psicólogo, y la idea de que los fantasmas no vienen a asustar sino a pedir algo. Tenemos su desenlace analizado pieza a pieza en el final de El sexto sentido.

El fantasma como duelo

El orfanato (2007)

El debut de Juan Antonio Bayona convirtió una casa junto al mar en una de las mejores películas españolas de su década. Tiene el susto mejor colocado del cine reciente —el juego de «un, dos, tres, toca la pared»— y, detrás, una historia sobre una madre que no acepta una pérdida. El desenlace es tan triste como aterrador, y esa mezcla es exactamente lo que el género puede hacer y otros no.

A Ghost Story (2017)

Un fantasma clásico, con la sábana y los dos agujeros, plantado en una casa durante lo que acaban siendo siglos. David Lowery se toma en serio la pregunta que ninguna película de fantasmas se hace: qué se hace con el tiempo cuando ya no queda nada que hacer. Hay un plano de varios minutos de una mujer comiendo una tarta que es de los momentos más comentados del cine de aquella década. No es una película para pasar miedo; es una película para pasar pena.

Personal Shopper (2016)

Olivier Assayas usa el fantasma como excusa para hablar del duelo y de la identidad, y coloca su mejor secuencia en una conversación de mensajes de móvil que dura veinte minutos y tiene más tensión que muchas persecuciones. Es la prueba de que el género aguanta cualquier envase.

El fantasma que invade la casa

Poltergeist (1982)

Producida y escrita por Steven Spielberg y dirigida por Tobe Hooper, es la película que fijó el modelo del hogar suburbano asediado: el televisor con nieve, el armario que se traga a la niña, el árbol de la ventana, la piscina. Envejece bien porque su miedo es doméstico: lo que falla no es un castillo, es un salón con moqueta.

Al final de la escalera (1980)

Una casa enorme, un compositor que ha perdido a su familia y una silla de ruedas bajando sola. Es la película de casa encantada más elegante que existe y la referencia secreta de la mitad del género posterior. La secuencia de la sesión de espiritismo, con la grabadora, sigue siendo modélica.

El espinazo del diablo (2001)

Guillermo del Toro en un orfanato de la Guerra Civil, con una bomba sin estallar clavada en el patio y un niño que aparece con la cabeza abierta. Del Toro define aquí su idea de fantasma: no un enemigo, sino «un instante de dolor condenado a repetirse». La frase vale como definición del género entero.

Imagen promocional de El orfanato
El cine español ha dado dos de las mejores películas de fantasmas del siglo, y las dos entienden la aparición como una forma de duelo. Imagen: material promocional · datos de TMDB

El fantasma japonés y lo que cambió

Ringu (1998)

Una cinta de vídeo, una llamada de teléfono y siete días. Hideo Nakata reinventó el terror internacional con una idea que hoy suena a ciencia ficción cotidiana: el fantasma como contenido que se copia y se distribuye. Su estética —pelo largo, movimiento a trompicones, humedad— colonizó el género durante quince años.

Kwaidan (1964)

Cuatro historias de fantasmas japonesas rodadas en decorados pintados de una belleza que quita el hipo. Masaki Kobayashi hace exactamente lo contrario que Nakata: en lugar de esconder, muestra, y el resultado es un cine de fantasmas convertido en pintura en movimiento. Es larga y lenta, y merece cada minuto.

Dark Water (2002)

Del mismo director que Ringu, y para muchos mejor. Una mancha de humedad en el techo, un edificio que se cae a pedazos y una madre separada peleando por la custodia. El terror y el drama social van aquí de la mano de forma tan natural que no se distinguen.

El fantasma con sentido del humor

Cazafantasmas (1984)

Comedia, ciencia ficción y terror en la misma película, con un equipo de parapsicólogos en paro montando un negocio en Nueva York. Su hallazgo es tratar lo sobrenatural como un problema de fontanería: hay un aparato, un protocolo y una factura.

Bitelchús (1988)

Tim Burton le da la vuelta al planteamiento: los fantasmas son la pareja simpática y los vivos, los intrusos insoportables. El más allá como oficina con número de turno sigue siendo una de las mejores ideas visuales de su carrera.

Ghost (1990)

El melodrama que convirtió al fantasma en protagonista romántico y se llevó al público que nunca habría entrado a ver terror. Funciona por el mismo motivo que las anteriores: el fantasma quiere algo, y ese algo lo entiende cualquiera.

Por dónde empezar

Si el objetivo es pasar miedo: Ringu, Poltergeist y El orfanato, en ese orden y con la luz apagada.

Si el objetivo es una buena película y el miedo da igual: Los otros, Kwaidan y A Ghost Story.

Si se ve en familia: Cazafantasmas y Bitelchús aguantan cualquier edad a partir de cierta tolerancia al susto tonto.

Y si se quiere entender el género: El espinazo del diablo, por esa definición de Del Toro que lo explica mejor que cualquier ensayo.

Cartel promocional de Poltergeist
La casa suburbana como escenario de terror: un modelo que el género lleva cuarenta años reutilizando. Imagen: material promocional · datos de TMDB

Lo que hace buena a una película de fantasmas

Revisando la lista aparece un patrón. Las que aguantan no son las que tienen la aparición más espectacular, sino las que dejan claro qué quiere el fantasma. En Ringu quiere que la historia se siga copiando; en El orfanato, que la escuchen; en A Ghost Story, esperar; en Los otros, quedarse. En cuanto una película de fantasmas responde a esa pregunta, deja de necesitar sustos.

El segundo patrón es el espacio. Casi todas transcurren en un sitio del que el fantasma no puede salir, y esa limitación es la que convierte una casa en un personaje. Cuando el fantasma puede ir a cualquier parte, la película se desinfla.

Si te ha gustado esta selección, en la revista tenemos también las mejores películas de terror para pasar miedo, con un criterio más directo, y las mejores películas con giro final, donde varias de estas repiten por motivos evidentes.

Tres que no son de fantasmas pero lo parecen

Hay un grupo de películas que la gente incluye siempre en estas listas y que técnicamente no encajan, aunque merecen mención porque el equívoco dice algo del género.

El resplandor (1980). Todo el mundo la da por película de fantasmas y la propia obra se encarga de que nunca se sepa si lo que ocurre en el hotel Overlook es sobrenatural o es la cabeza de Jack Torrance. Esa ambigüedad es su motor, y tenemos su desenlace desmontado en el final de El resplandor.

Crimson Peak (2015). Del Toro dijo en su momento que no era una película de fantasmas sino un romance gótico con fantasmas dentro, y tenía razón: las apariciones son testigos y advertencias, no la amenaza. El horror lo ponen los vivos.

The Grudge / Ju-on (2002). Más cerca de la maldición que del fantasma clásico: aquí no hay un espíritu con un objetivo sino un lugar contaminado que infecta a quien lo pisa. Es una diferencia de fondo y explica por qué su estructura es tan rara, saltando de víctima en víctima sin protagonista.

Una nota sobre los remakes

El género es, junto al terror japonés en general, el más reversionado del cine reciente, y conviene un aviso: las versiones estadounidenses de Ringu, Ju-on y Dark Water existen, algunas están bien y ninguna mejora a su original. Si se puede elegir, el original primero; el remake, después y por curiosidad.

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