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Películas de Studio Ghibli: por dónde empezar

Una guía para entrar en el catálogo de Ghibli sin perderse: qué película elegir según con quién se vea, en qué se diferencian Miyazaki y Takahata y cuáles conviene dejar para más adelante.

Películas de Studio Ghibli: por dónde empezar

El catálogo de Studio Ghibli intimida un poco desde fuera: dos decenas largas de películas, títulos que suenan parecidos y una fama de cine para niños que despista a los adultos y de cine raro que despista a los niños. Esta guía ordena la entrada según con quién se vaya a ver y qué se busque.

Qué es Ghibli y por qué importa

El estudio se funda en 1985, en Tokio, por los directores Hayao Miyazaki e Isao Takahata junto al productor Toshio Suzuki, después del éxito de Nausicaä del Valle del Viento, que es de 1984 y por tanto anterior al estudio aunque se considere parte de la casa.

Lo que distingue a Ghibli no es solo la animación dibujada a mano. Es un conjunto de decisiones que se repiten película tras película: protagonistas femeninas que actúan por su cuenta, villanos que casi nunca son del todo villanos, una atención obsesiva a lo cotidiano —cocinar, tender la ropa, subir una cuesta— y un ritmo que se permite escenas en las que no pasa nada. Esa última es la que más cuesta a quien llega del cine de animación occidental y también la que engancha.

Cartel promocional de El viaje de Chihiro
La película más premiada del estudio y, para la mayoría, la mejor puerta de entrada. Imagen: material promocional · datos de TMDB

Miyazaki y Takahata: no son lo mismo

Es la primera confusión que conviene deshacer, porque muchas decepciones vienen de aquí.

Hayao Miyazaki hace fantasía. Vuelan cosas, hay criaturas, hay mundos con reglas propias y casi siempre una niña o una adolescente que atraviesa uno de esos mundos y sale distinta. Es el Ghibli que la gente tiene en la cabeza.

Isao Takahata hace, casi siempre, lo contrario: realismo. Sus películas transcurren en el Japón de posguerra, en un pueblo, en una oficina, y lo fantástico, cuando aparece, es folclore y no magia. Son más duras, más lentas y, para mucha gente, más grandes.

Poner a un niño de seis años La tumba de las luciérnagas pensando que es una película de dibujos como Totoro es el error clásico del catálogo, y conviene decirlo pronto.

Por dónde empezar, según el caso

Si nunca has visto ninguna: El viaje de Chihiro (2001)

Es la más reconocida del estudio, ganadora del Óscar a la mejor película de animación, y resume todo lo que Ghibli sabe hacer: un mundo con reglas propias, una protagonista que empieza siendo una niña quejica y acaba siendo otra persona, y una galería de criaturas que no se parecen a nada. Si solo se va a ver una, es esta.

Si se ve con niños pequeños: Mi vecino Totoro (1988)

No hay villano, no hay conflicto violento y casi no hay trama: dos hermanas se mudan al campo y descubren que en el bosque vive algo enorme y amable. Es la película más tierna del estudio y la que mejor funciona con los espectadores más pequeños. El gato-autobús es, por sí solo, un motivo suficiente.

Si buscas aventura: El castillo en el cielo (1986)

Piratas aéreos, una isla flotante, robots antiguos y un ritmo de aventura clásica que no para. Es la más directa del catálogo y la que mejor entra a quien viene del cine de acción.

Si te gusta la fantasía oscura: La princesa Mononoke (1997)

Dioses animales, una guerra entre la industria del hierro y el bosque, y un conflicto en el que ninguna de las dos partes tiene del todo razón. Es larga, violenta para los estándares del estudio y, para muchos, su obra mayor. No es una película infantil.

Si prefieres el drama: La tumba de las luciérnagas (1988)

Dos hermanos huérfanos en el Japón de los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. Takahata rueda una de las películas más devastadoras que existen, y conviene saberlo antes de ponerla. Es imprescindible y no se ve dos veces.

Si quieres algo pequeño y luminoso: Nicky, la aprendiz de bruja (1989)

Una bruja adolescente monta un servicio de reparto en una ciudad costera y descubre que crecer consiste, sobre todo, en aprender a pedir ayuda. Es la película sobre el bloqueo creativo mejor disfrazada de cuento infantil que existe.

Imagen promocional de Mi vecino Totoro
Totoro es la puerta de entrada para los espectadores más pequeños: sin villano, sin conflicto violento y con el bosque como personaje. Imagen: material promocional · datos de TMDB

Un orden recomendado para verlas todas

No hay continuidad entre películas —cada una es independiente— así que el orden es cuestión de digestión, no de trama. Este funciona bien:

  1. El viaje de Chihiro, para saber de qué va esto.
  2. Mi vecino Totoro, para entender el otro registro del estudio.
  3. El castillo en el cielo y Nicky, la aprendiz de bruja, las dos aventuras clásicas.
  4. La princesa Mononoke, ya con el estudio asimilado.
  5. El castillo ambulante (2004), con su casa con patas y su historia de guerra y vejez.
  6. Porco Rosso (1992), un aviador con cara de cerdo en el Adriático de entreguerras: la más adulta y melancólica de Miyazaki.
  7. Susurros del corazón (1995) y Recuerdos del ayer (1991), el Ghibli cotidiano.
  8. La tumba de las luciérnagas, cuando se tenga el ánimo.
  9. El cuento de la princesa Kaguya (2013), la despedida de Takahata, con una técnica de dibujo a carboncillo y acuarela que no se parece a nada del estudio.
  10. El viento se levanta (2013) y El chico y la garza (2023), los dos cierres de Miyazaki, cada uno con su lectura del final de una carrera.

Las que se quedan fuera de las listas y merecen la pena

  • Pompoko (1994). Mapaches que se transforman intentando frenar la urbanización de su bosque. Empieza como comedia y acaba en un sitio muy distinto.
  • Ponyo en el acantilado (2008). Miyazaki en su versión más suelta y más dibujada, pensada para los más pequeños.
  • Arrietty y el mundo de los diminutos (2010). Basada en la novela de Mary Norton, es la más elegante de la generación posterior del estudio.
  • La colina de las amapolas (2011). Un instituto, un club de estudiantes y el Japón de los años sesenta. Pequeña y encantadora.
  • El recuerdo de Marnie (2014). Una amistad extraña en una casa junto a una marisma, con un final que cambia la película.

Cosas que ayudan a disfrutarlas

La versión original. Los doblajes son en general buenos, pero el trabajo de voz japonés y el diseño sonoro están muy trabajados, y algunas películas pierden matices.

La paciencia con el ritmo. Ghibli deja respirar los planos. Una niña mirando llover durante veinte segundos no es un error de montaje: es la película pidiendo que se mire.

La comida. Hay una obsesión del estudio con la comida bien animada —el desayuno de Chihiro, el huevo de Howl, el ramen de Ponyo— que es un placer en sí mismo y que dice mucho de sus personajes.

No buscar la moraleja. Los villanos de Ghibli cambian de bando, los conflictos se resuelven a menudo con una conversación y muchas películas terminan sin que nadie gane. Es una elección, no un descuido.

Cartel promocional de La princesa Mononoke
Mononoke es la prueba de que el catálogo del estudio no es cine infantil: un conflicto sin buenos ni malos y una violencia que no se esconde. Imagen: material promocional · datos de TMDB

En resumen

Empezar por El viaje de Chihiro si no se ha visto nada, por Mi vecino Totoro si hay niños pequeños delante y por La princesa Mononoke si se busca algo más adulto. Tener presente que Miyazaki y Takahata hacen cosas distintas y que la etiqueta de cine familiar no vale para todo el catálogo. Y no empezar por La tumba de las luciérnagas, por muy buena que sea.

Si te interesa el cine de animación en general, en la revista tienes también las mejores películas de animación para ver en familia, donde Ghibli aparece junto a otras tradiciones muy distintas.

Lo que no es Ghibli aunque lo parezca

Conviene aclararlo porque es una confusión constante en las plataformas y en las conversaciones.

Nausicaä del Valle del Viento (1984) es anterior a la fundación del estudio, aunque se distribuye siempre con el resto y se considera parte del conjunto por autoría y por espíritu.

Y hay una cantidad considerable de cine de animación japonés que se atribuye a Ghibli sin serlo, sencillamente porque comparte estética o porque sus autores trabajaron allí. Las películas de Makoto Shinkai o de Mamoru Hosoda, por ejemplo, son de otras casas. No es un detalle de aficionado: buscar «Ghibli» esperando encontrar esos títulos lleva a la decepción de no hallarlos.

El estudio después de Miyazaki

Miyazaki ha anunciado su retirada en varias ocasiones y ha vuelto otras tantas. El estudio ha ido probando relevos —directores de la casa que dirigieron sus propias películas con resultados desiguales— y ha experimentado con animación por ordenador en Earwig y la bruja (2020), una decisión que dividió a su público.

Su última película hasta la fecha, El chico y la garza (2023), ganó el Óscar a la mejor película de animación y funciona como una despedida en clave autobiográfica: un niño que pierde a su madre en la guerra y atraviesa un mundo construido por alguien que ya no puede sostenerlo. Sea o no la última, es un buen sitio donde terminar el recorrido por el catálogo.

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