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En qué orden ver El Conjuro y todas sus derivadas

El universo de los Warren mezcla dos líneas temporales y cuatro sagas paralelas. El orden de estreno y el cronológico no coinciden, y eso cambia la experiencia.

En qué orden ver El Conjuro y todas sus derivadas

Lo que empezó como una película sobre dos investigadores de fenómenos paranormales se ha convertido en una de las franquicias de terror más ramificadas que existen. Y como ocurre con todas las franquicias ramificadas, la primera pregunta de quien llega nuevo es siempre la misma: ¿por dónde se empieza?

Las dos formas de ordenarlo

Hay dos criterios válidos y conviene elegir a conciencia, porque dan experiencias distintas.

Orden de estreno. Es el que recomendamos para una primera vez. La franquicia se construyó así y cada derivada se apoya en lo que el espectador ya conocía: los guiños funcionan, las apariciones sorprenden y la escalada tiene sentido.

Orden cronológico interno. Reordena las películas según cuándo ocurren en la ficción, que abarca varias décadas. Es una relectura interesante para quien ya lo ha visto todo, y bastante desconcertante como primera aproximación, porque empieza por las precuelas y destripa el origen de lo que después se presenta como misterio.

Imagen promocional de El Conjuro
La franquicia se construyó por acumulación: cada derivada se apoya en lo que el espectador ya conocía de las anteriores. Imagen: material promocional · datos de TMDB

Las líneas que conviven

Antes del orden conviene entender la estructura, porque explica por qué hay tantas películas:

  • La línea principal. Las películas centradas en los investigadores y en los casos que abordan. Son las que llevan el peso narrativo y las que conviene no saltarse.
  • La línea de la muñeca. Una derivada que arranca de un objeto presentado en la película original y que acabó teniendo sus propias precuelas.
  • La línea de la monja. Otra derivada, esta vez a partir de una aparición concreta de la segunda entrega principal, con su propia continuación.
  • Las derivadas menores. Películas que se conectan con el universo de forma más lateral, a veces solo por un guiño o por un personaje secundario.

Esa arquitectura es la razón de que el orden cronológico y el de estreno no coincidan: las derivadas casi siempre son precuelas.

El orden recomendado para una primera vez

Sencillo: por orden de estreno, empezando por la película original y siguiendo la franquicia según fue apareciendo.

  1. La película fundacional, que establece a los protagonistas, el tono y las reglas.
  2. La primera derivada de la muñeca, que explica de dónde sale el objeto del prólogo.
  3. La segunda entrega principal, que amplía el universo e introduce la figura que dará lugar a la siguiente rama.
  4. Las precuelas de la muñeca y la derivada de la monja, en su orden de aparición.
  5. Las entregas principales posteriores, que retoman a los protagonistas.
  6. Las continuaciones de las derivadas, que van cerrando cada rama.

Con ese recorrido, cada guiño llega cuando debe y ninguna sorpresa se estropea.

Si solo se van a ver cuatro

Es una pregunta razonable y tiene respuesta. La columna vertebral son las entregas principales: son las que tienen mejor factura, las que sostienen a los personajes y las que funcionan como películas completas sin depender de las demás.

Las derivadas son irregulares. Algunas son eficaces y otras se sostienen sobre un único susto repetido, y saltárselas no impide entender nada de la línea principal. Como mucho, se pierde el contexto de un objeto o de una figura que aparece de fondo.

Cartel de El Conjuro
Las entregas principales funcionan como películas completas; las derivadas son opcionales. Imagen: material promocional · datos de TMDB

El orden cronológico, para una segunda vuelta

Quien ya lo haya visto todo puede rehacer el recorrido por la cronología interna, y es un ejercicio que cambia bastante la percepción del conjunto.

Ordenadas por cuándo ocurren, las precuelas dejan de ser sorpresas y pasan a ser antecedentes, y la línea principal gana una sensación de inevitabilidad. También se nota más el desequilibrio: algunas derivadas aportan muy poco cuando se ven en su sitio cronológico.

La fecha concreta en la que se sitúa cada película aparece habitualmente en un rótulo al inicio, así que reconstruir el orden es sencillo sin necesidad de consultar nada.

Lo que hace funcionar a las buenas

Al margen del orden, merece la pena señalar qué distingue a las entregas que aguantan de las que no:

  • El trabajo de cámara. Las mejores construyen el miedo con movimientos largos y con lo que queda fuera de cuadro, no con el volumen.
  • Los personajes. La relación entre los dos investigadores es lo que da continuidad emocional a toda la franquicia.
  • La ambientación. El detalle de época es una parte importante del efecto y las entregas con menos presupuesto lo notan.
  • La contención. Cuando una entrega enseña demasiado pronto lo que asusta, se desinfla.

Antes de empezar

Dos avisos prácticos. El primero, que la franquicia se presenta como inspirada en casos reales, y conviene tomar esa etiqueta como lo que es: un recurso narrativo. Las películas dramatizan, exageran e inventan, y no son un documento.

El segundo, que el nivel de intensidad varía mucho de una entrega a otra. Quien no lleve bien el terror encontrará más manejables las entregas principales, que apuestan por la tensión sostenida, que algunas derivadas, que van directas al sobresalto.

El objeto como motor narrativo

Hay un recurso que esta franquicia ha explotado mejor que ninguna otra y que explica por qué pudo ramificarse tanto: el objeto maldito.

En lugar de construir cada derivada alrededor de un personaje, el universo se expande a partir de cosas: una muñeca guardada en una vitrina, un cuadro, una figura que aparece al fondo de un plano. Cada objeto es una semilla que puede germinar en su propia película sin necesidad de justificar nada.

La ventaja es evidente: los objetos no envejecen, no negocian contrato y pueden aparecer en cualquier época. La desventaja también: cuando el criterio para lanzar una derivada es que algo estaba en una estantería, la calidad se vuelve azarosa.

La sala de los objetos de los investigadores funciona, en la práctica, como un catálogo de futuras películas. Verla con esa clave en la primera entrega es uno de los pequeños placeres de revisar la franquicia entera.

De dónde sale todo: los casos y su tratamiento

La franquicia se presenta como inspirada en los archivos de dos investigadores de fenómenos paranormales que trabajaron durante décadas en Estados Unidos. Conviene saber qué significa eso exactamente antes de ver las películas.

Los casos en los que se basan existieron como casos: hubo familias que denunciaron sucesos, hubo investigaciones y hubo mucha atención mediática. Lo que las películas hacen con ese material es otra cosa: seleccionan, dramatizan, añaden personajes y construyen desenlaces cinematográficos donde la realidad se quedó en discusión.

Esa distancia entre el caso y la película es parte del atractivo y también la razon de que convenga no tomarse los rótulos iniciales al pie de la letra. La fórmula de abrir con una advertencia de hechos reales es un recurso con décadas de historia en el cine de terror, y funciona porque predispone al espectador antes de que empiece nada.

Lo interesante, en todo caso, es que las mejores entregas no dependen de esa etiqueta. Funcionan porque están bien rodadas y porque sus protagonistas resultan creíbles, y seguirían funcionando igual si no hubiera ningún archivo detrás.

Cómo ver la franquicia en familia o en grupo

Es una de las consultas más frecuentes y merece respuesta concreta, porque el nivel de dureza no es homogéneo.

Las entregas principales construyen el miedo con atmósfera, con planos largos y con lo que no se ve. Son intensas pero rara vez desagradables, y funcionan bien en grupo porque la tensión es compartida y los sustos están medidos.

Algunas derivadas, en cambio, apuestan por el sobresalto continuo y por imágenes más explícitas. Quien lleve mal el terror las pasará peor con estas que con la línea principal, y en una sesión en grupo con gente de tolerancia dispar es mejor no empezar por ahí.

Y un apunte para quien vaya a ver la franquicia entera de seguido: el efecto se desgasta. Ver cuatro películas del mismo universo en un fin de semana convierte los recursos en previsibles, y lo que asustaba el viernes hace sonreír el domingo. Espaciarlas funciona mucho mejor.

Qué mirar más allá del susto

Hay una razón por la que esta franquicia ha aguantado tantas entregas mientras otras se agotaban en dos, y no es el marketing:

  • La cámara se mueve. Travellings largos, grúas y planos que recorren la casa antes de que pase nada. El miedo se construye con el espacio.
  • Los protagonistas se quieren. La relación de pareja es el centro emocional y funciona como contrapeso al horror.
  • El diseño de sonido manda. Buena parte del trabajo lo hace lo que se oye fuera de plano, no lo que se ve.
  • Las casas están bien elegidas. Cada entrega se sostiene sobre un espacio con personalidad propia.

Cuando una derivada falla, casi siempre es porque ha renunciado a alguna de esas cuatro cosas.

Errores frecuentes al ordenarla

  1. Empezar por una derivada porque es la más reciente o la que está disponible. Deja sin contexto el objeto o la figura que la sostiene.
  2. Mezclar el orden cronológico con el de estreno a mitad de camino, que es lo que más confusión genera.
  3. Saltarse la segunda entrega principal, que es donde aparece la figura que da origen a toda una rama.
  4. Dar por hecho que todo lo de terror con casa encantada pertenece al universo: hay películas que se le parecen y no forman parte de él.
Fotograma promocional de El Conjuro
La relación entre los dos investigadores es lo que da continuidad emocional a toda la franquicia. Imagen: material promocional · datos de TMDB

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