En qué orden ver Indiana Jones: estreno, cronología y la serie de televisión
Cinco películas, una precuela encubierta y una serie de televisión que nadie recuerda. El orden recomendado y el cronológico, con lo que aporta cada entrega.

La saga de Indiana Jones tiene una trampa que sorprende a quien la ordena por primera vez: la segunda película es en realidad una precuela. Eso abre dos caminos —ver por estreno o ver por cronología— y cada uno tiene sus ventajas. Con cinco películas y una serie de televisión de por medio, merece la pena decidir antes de empezar.

El orden recomendado: por estreno
- En busca del arca perdida (1981). La película que lo inventó todo y la mejor puerta de entrada.
- Indiana Jones y el templo maldito (1984). Más oscura, más violenta y ambientada antes que la primera.
- Indiana Jones y la última cruzada (1989). La más equilibrada del conjunto y la que añade la relación con el padre.
- La cuarta entrega, casi veinte años después, con un cambio de época y de tono.
- La quinta, el cierre tardío del personaje.
Es el orden que recomienda casi todo el mundo, y por un motivo concreto: la primera película no da nada por sabido y presenta al personaje en su versión más redonda. Empezar por la precuela funciona en el papel y estropea esa presentación.
El orden cronológico, para una segunda vuelta
- Indiana Jones y el templo maldito, ambientada en 1935.
- En busca del arca perdida, en 1936.
- Indiana Jones y la última cruzada, en 1938.
- La cuarta, ya en los años cincuenta, con la Guerra Fría como telón de fondo.
- La quinta, a finales de los sesenta.
Visto así, el conjunto funciona como el retrato de una vida entera: de la aventura pura de los años treinta a un personaje mayor en un mundo que ya no es el suyo. Es un recorrido interesante y no es el mejor primer contacto.

Qué aporta cada película
- La primera: el modelo del cine de aventuras moderno. Ritmo, humor, un villano claro y un objeto que buscar.
- La segunda: el tono más oscuro de la saga, con secuencias que en su momento provocaron un debate sobre la clasificación por edades.
- La tercera: la mejor combinación de aventura y comedia, con una relación paterno-filial que le da un peso emocional que las otras no tienen.
- La cuarta: el salto de época y de género, con elementos que dividieron al público.
- La quinta: el cierre, con un tono crepuscular y consciente del paso del tiempo.
La serie de televisión que casi nadie ha visto
Existe una serie de los años noventa dedicada a las aventuras del personaje en su juventud, con un enfoque bastante distinto: más histórico, más didáctico y con episodios centrados en encuentros con figuras reales de comienzos del siglo XX. Se emitió con reordenaciones y montajes distintos, lo que ha complicado su acceso durante años.
Para el aficionado, es un complemento y no un requisito: no hace falta para entender ninguna de las películas, y aporta contexto para quien quiera profundizar en el personaje.
Un maratón realista
Las cinco películas suman en torno a once horas. Repartido en tres sesiones, funciona muy bien así:
- Primera sesión: la película de 1981, sola. Es la que más se disfruta sin nada detrás.
- Segunda sesión: las dos entregas de los ochenta que quedan, que forman un bloque con la primera.
- Tercera sesión: las dos modernas, que comparten tono y separación temporal.
Preguntas frecuentes
¿Se puede ver solo la primera?
Sí, es completamente autónoma. Y es una de las pocas películas de una saga tan larga que funciona igual de bien hoy que el día de su estreno.
¿La cuarta es tan mala como dicen?
Es la más discutida y la que introduce elementos que rompieron con el tono anterior. Vista sin expectativas, tiene secuencias notables y una idea coherente: trasladar al personaje del cine de aventuras de los treinta al imaginario de la ciencia ficción de los cincuenta.
¿Hay que ver la quinta para cerrar la historia?
Aporta un cierre explícito al personaje. Quien quiera quedarse con la trilogía clásica puede hacerlo sin sensación de historia inacabada, porque la tercera película ya funciona como final.
¿Es apta para ver en familia?
La primera y la tercera funcionan muy bien con público adolescente. La segunda tiene escenas notablemente más duras y conviene tenerlo en cuenta con espectadores más jóvenes.
¿Merece la pena en versión original?
El doblaje clásico es excelente y forma parte del recuerdo de varias generaciones. En versión original se aprecia mejor el humor seco de los diálogos y el trabajo de voz del protagonista, así que un segundo visionado en original suele ser una buena experiencia.

Lo que cada película aporta al personaje
Vista como una biografía, la saga tiene una progresión bastante clara:
- En la precuela de 1984 es un aventurero mercenario que trabaja por dinero y acaba implicado por accidente.
- En la película de 1981 ya es el profesor que además explora, con un motivo profesional detrás.
- En la de 1989 se le da una familia y con ella una explicación: la relación con el padre justifica su carácter.
- En la cuarta es un hombre de otra época en un mundo nuevo, con un hijo y con la Guerra Fría de fondo.
- En la quinta es un anciano al que el mundo ha dejado atrás, y la película trata precisamente de eso.
El detalle histórico: lo que la saga acierta y lo que inventa
La arqueología real no se parece a esto, y la propia saga lo sabe: sus mejores momentos son también los más disparatados. Conviene, en cambio, señalar dos cosas que sí funcionan. La primera, el contexto político: la ambientación en los años treinta con el nazismo como antagonista es históricamente coherente con el saqueo de patrimonio de aquella época. La segunda, la idea del museo: la frase recurrente sobre dónde deben estar los objetos encontrados abre, sin quererlo, un debate muy actual sobre la propiedad del patrimonio.
Ese debate ha envejecido de forma interesante: lo que en 1981 era la línea de un héroe hoy se lee de otra manera, y la propia saga acabó incorporando ese matiz en sus entregas más recientes.
Cómo verla con público joven
- Empezar por la de 1981, saltando la escena final si el espectador es muy pequeño.
- Seguir por la de 1989, la más divertida y la más apta.
- Dejar la de 1984 para después, avisando de que es más dura.
- Las dos modernas, al final, que además funcionan mejor con el contexto de las clásicas.
Es el orden que mejor funciona en la práctica y el que evita el error clásico: poner la segunda película a un niño pequeño porque cronológicamente va primero.
Qué buscar en cada visionado
Es una saga que se disfruta en dos capas. La primera vez, por la aventura: los objetos, los villanos y las secuencias. La segunda, por el oficio: la claridad de la puesta en escena, el uso del humor para bajar la tensión y la manera en que cada secuencia de acción tiene un principio, un problema y una solución concretos.
Ese segundo nivel es el que explica su influencia: casi todo el cine de aventuras posterior ha copiado su estructura, y muy poco ha conseguido su equilibrio entre humor y peligro.
Cinco secuencias que resumen la saga
- La apertura de 1981. Presenta al personaje sin una línea de explicación: en cinco minutos se sabe todo lo necesario.
- La persecución del camión. Acción física, geografía clara y consecuencias visibles.
- La mina de la precuela. Puro cine de atracción de feria, y una de las secuencias más imitadas.
- El tanque en la tercera. Comedia y peligro en el mismo plano.
- Las pruebas finales de la tercera. Un juego con reglas que el espectador puede seguir, que es la mejor manera de generar tensión.
Con esas cinco se explica por qué la saga sigue siendo la referencia del género, y también por qué sus entregas más recientes se comparan siempre con un estándar muy alto.
Un consejo para el maratón completo
Si se van a ver las cinco, conviene reservar la cuarta y la quinta para sesiones separadas de las clásicas. La razón es de expectativas: vistas inmediatamente después de la trilogía original, sufren una comparación que ninguna película podría ganar; vistas con distancia, se aprecian mejor sus propias virtudes y su intención de cerrar un ciclo con el personaje ya mayor.
Y hay un detalle que mejora mucho el maratón: fijarse en cómo cambia el mundo alrededor del protagonista. En los años treinta era un aventurero en un planeta lleno de sitios por explorar; en los cincuenta y sesenta, el mundo ya está cartografiado, la ciencia ha sustituido a la arqueología romántica y él es un vestigio. Esa transformación es la mejor idea de las dos películas modernas, aunque no siempre esté bien ejecutada.
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