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En qué orden ver Mad Max: la saga completa y por dónde empezar

Cuatro películas, dos actores para el mismo personaje y una precuela reciente. El orden recomendado, el cronológico y qué hace única a cada entrega.

Publicado en la revista de honline · 11 de noviembre de 2009

En qué orden ver Mad Max: la saga completa y por dónde empezar

La saga de Mad Max. Salvajes de la autopista tiene una particularidad que confunde a quien llega nuevo: no es una serie de secuelas encadenadas, sino una colección de relatos en el mismo mundo, con el mismo personaje y sin apenas continuidad estricta entre ellos. Eso hace que el orden importe menos de lo habitual y que la elección del punto de entrada importe mucho más.

Imagen promocional de Mad Max
La primera entrega es casi una película de carretera: el desierto y la violencia llegan después. Imagen: material promocional · datos de TMDB

El orden recomendado para quien empieza hoy

  1. Mad Max: Furia en la carretera (2015). Es la mejor puerta de entrada: no exige conocer nada previo, es un prodigio técnico y define el tono de la saga mejor que ninguna otra.
  2. La precuela más reciente, centrada en el personaje que la anterior película presentó, que amplía ese mismo mundo.
  3. Mad Max. Salvajes de la autopista (1979), para ver el origen y entender de dónde viene el personaje.
  4. Mad Max II. El guerrero de la carretera (1981), la que fijó la iconografía del desierto y la escasez de combustible.
  5. La tercera entrega de los años ochenta, la más ligera del conjunto y la más dependiente de su época.

Ese orden rompe la cronología a propósito. La razón es sencilla: la primera película es un thriller de carretera con poco presupuesto y un ritmo muy de su tiempo, y para muchos espectadores actuales es un punto de entrada difícil.

El orden de estreno, para quien prefiere lo clásico

  1. Mad Max. Salvajes de la autopista (1979). Australia, carretera, bandas y un policía. Casi nada del desierto que vendrá después.
  2. Mad Max II. El guerrero de la carretera (1981). Aquí nace la estética que copiarán cientos de películas: el desierto, el combustible como moneda y los vehículos imposibles.
  3. La tercera, con un tono más aventurero y familiar.
  4. Mad Max: Furia en la carretera (2015). Treinta años después, la saga vuelve con otro actor principal y con una película que es casi una sola persecución de dos horas.
  5. La precuela, que rellena la historia previa de un personaje central de la anterior.
Cartel de Mad Max: Furia en la carretera
La entrega de 2015 funciona como puerta de entrada porque no exige conocer nada de las anteriores. Imagen: material promocional · datos de TMDB

Qué aporta cada entrega

  • La primera: el origen del personaje y una idea de violencia mucho más seca y realista que la de la saga posterior.
  • La segunda: la invención del imaginario. Sin ella no existiría media ciencia ficción postapocalíptica.
  • La tercera: el momento en que la saga se hace más comercial y añade elementos de fábula.
  • La cuarta: la cumbre técnica. Acción rodada con vehículos reales, montaje quirúrgico y una narración que apenas necesita diálogo.
  • La precuela: contexto, origen de un personaje que la anterior presentó ya formado y una estructura mucho más convencional.

La continuidad, o su ausencia

Conviene decirlo con claridad para evitar frustraciones: las películas no encajan del todo entre sí. Hay contradicciones de tiempo, de personajes y de mundo. El propio director ha hablado de estas historias como leyendas contadas alrededor de un personaje, más que como una cronología cerrada.

Con esa idea en la cabeza, la saga se disfruta mucho más: cada película es una versión del mismo mito, y las diferencias no son errores, son parte del planteamiento.

Preguntas frecuentes

¿Se puede ver solo la cuarta?

Perfectamente. Es autoconclusiva y no da nada por sabido. De hecho, es la que más gente ha visto sin conocer las anteriores.

¿Importa el cambio de actor?

Menos de lo que parece, porque el personaje habla poco y funciona como figura casi mitológica. La saga se sostiene en el mundo y en la acción más que en la interpretación de un rostro concreto.

¿Cuál es la mejor de las cinco?

El consenso crítico se inclina claramente por la cuarta, y hay una minoría muy sólida que defiende la segunda por su influencia. Las dos son buenas respuestas.

¿Hay que ver la precuela antes o después?

Después. Está construida para un espectador que ya conoce a su protagonista adulta, y ver primero la precuela desactiva parte de la presentación de la película de 2015.

¿Es una saga apta para todos los públicos?

No. Es violenta, seca y con un tono árido incluso en su entrega más ligera. Conviene mirar la clasificación por edades y, en las dos primeras, tener en cuenta que la violencia es más cruda de lo que sugiere su fama de películas de acción.

Cartel de Furiosa
La precuela funciona mejor después de la película de 2015, que presenta a su protagonista ya formada. Imagen: material promocional · datos de TMDB

El mundo de la saga, explicado

Aunque las películas no encajen entre sí con precisión, comparten un marco que conviene conocer porque explica casi todas sus decisiones:

  • El colapso. La primera película ocurre en una sociedad que se está degradando, no en un mundo ya destruido. Es una diferencia importante y explica que haya policía, carreteras y gasolina.
  • La escasez. A partir de la segunda, el combustible y el agua son la moneda, y toda la organización social gira alrededor de quien los controla.
  • Los vehículos como identidad. Cada grupo tiene su estética y sus coches, y esa iconografía es lo que ha convertido a la saga en referencia visual de todo un subgénero.
  • La ausencia de explicación. Ninguna película se detiene a contar cómo se llegó a esa situación. El mundo simplemente es así, y el espectador lo deduce.

Por qué la cuarta película es un caso de estudio

Es, probablemente, la película de acción más analizada de la última década, y por motivos concretos:

  1. Acción real. La mayoría de las secuencias se rodaron con vehículos y especialistas reales, con apoyo digital en lugar de sustitución digital.
  2. Narración visual. Se entiende casi entera sin diálogo, con la información colocada en el centro del plano para que el ojo no se pierda en un montaje rápido.
  3. Estructura mínima. Es una persecución de ida y otra de vuelta, y con eso construye personajes y arco completo.
  4. Montaje. Miles de planos con una claridad que la mayoría del cine de acción contemporáneo no consigue.

De ahí que sea también la mejor recomendación para alguien que dice no soportar el cine de acción: es una demostración de que el problema no es el género, es cómo se filma.

Un maratón bien repartido

Las cinco películas suman en torno a diez horas. Reparto sugerido: primera sesión, la película de 2015 sola, para entrar por la puerta grande; segunda sesión, las dos primeras de los años setenta y ochenta, que forman un bloque coherente; tercera sesión, la tercera clásica y la precuela reciente, que son las dos más excéntricas del conjunto. Ver las cinco seguidas no es buena idea: la saturación visual es real y la cuarta película, en particular, deja poco espacio para otra cosa el mismo día.

Qué se necesita para disfrutarla

La saga tiene un requisito de expectativas que conviene aclarar: no busca coherencia ni explicación. Quien entre buscando el origen del apocalipsis, la política del mundo o la biografía completa del protagonista se va a frustrar. Quien entre aceptando que son cinco relatos sobre el mismo mito encontrará una de las experiencias visuales más potentes del cine de acción.

El otro requisito es de sonido: es una saga que se disfruta con volumen, porque los motores, el viento y la percusión de la banda sonora forman parte de la narración. En la película de 2015, en concreto, la música está integrada en la imagen hasta el punto de aparecer dentro del propio convoy.

Un dato para dimensionar la cuarta entrega

Su rodaje se prolongó durante meses en el desierto, con un equipo de especialistas enorme y vehículos construidos a medida, y su montaje partió de una cantidad de material que solo se explica por la decisión de filmar la acción de verdad. Ese esfuerzo produjo dos efectos: un reconocimiento crítico y técnico casi unánime, y una influencia inmediata en el cine de acción posterior, que volvió a mirar hacia los efectos prácticos.

Para el espectador actual, la consecuencia es simple: es la película que hay que enseñar a quien diga que el cine de acción moderno es solo imagen digital.

El personaje que casi no habla

Hay un dato que resume la saga entera: en la película de 2015, el protagonista pronuncia muy pocas líneas de diálogo en dos horas de metraje. Esa decisión no es un capricho, es una elección narrativa: el personaje funciona como una figura del paisaje, alguien que aparece, ayuda y se marcha. Es la estructura del héroe errante del western clásico trasladada a un desierto con motores.

De ahí que las películas no necesiten continuidad estricta: cada una es un episodio de una leyenda. El propio director ha descrito la saga en esos términos, y esa idea resuelve casi todas las discusiones sobre incoherencias entre entregas. No son errores de guion: son versiones distintas de la misma historia.

Para el espectador, la consecuencia práctica es liberadora: se puede entrar por cualquier película sin sentir que falta información, y se puede terminar la saga sin la sensación de haber dejado hilos sueltos, porque nunca los hubo.

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