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En qué orden ver Rocky y Creed: la saga completa, película a película

Seis películas de Rocky y una continuación con Creed que suma tres más. El orden es cronológico y hay un par de atajos si el maratón se hace largo.

Publicado en la revista de honline · 11 de noviembre de 2009

En qué orden ver Rocky y Creed: la saga completa, película a película

Es una de las sagas más largas y más coherentes del cine popular: Rocky (1976) abrió una historia que ha seguido creciendo durante casi cinco décadas, primero con cinco secuelas y después con una continuación que traslada el foco a otro personaje. Y a diferencia de otras sagas, aquí el orden es simple: cronológico y sin atajos raros.

Imagen promocional de Rocky
La primera película no es una película de boxeo: es un drama sobre alguien que solo quiere aguantar de pie hasta el final. Imagen: material promocional · datos de TMDB

El orden completo

  1. Rocky (1976). El drama original, con un tono muy alejado del resto de la saga.
  2. La segunda, continuación directa del combate de la primera.
  3. La tercera, donde la saga se vuelve más espectáculo y aparece uno de los villanos más recordados.
  4. Rocky IV (1985), la más ochentera de todas y la más discutida: para unos, la cumbre del entretenimiento; para otros, el momento en que la saga se aleja de su origen.
  5. La quinta, un intento de volver al tono de la primera con recepción irregular.
  6. La sexta, un cierre tardío y sorprendentemente sobrio que devolvió a la saga su dignidad.
  7. Creed. La leyenda de Rocky (2015), el relevo generacional: el protagonista pasa a ser el hijo de otro personaje de la saga.
  8. Las dos continuaciones de esa nueva rama, que cierran el arco del nuevo protagonista.

Si el maratón se hace largo: la versión corta

Con cuatro películas se tiene la historia completa y sus dos mejores momentos:

  • La primera, imprescindible. Es una película distinta al resto y la que explica al personaje.
  • La cuarta, si se busca el espectáculo puro de los ochenta.
  • La sexta, el cierre del personaje, que funciona incluso sin haber visto las intermedias.
  • Creed. La leyenda de Rocky, el arranque de la nueva etapa y una de las mejores películas del conjunto.

Con esas cuatro, unas ocho horas, se entiende todo lo importante. Las demás aportan matices y momentos concretos, y ninguna es imprescindible para seguir la historia.

Cartel de Creed
La continuación con un nuevo protagonista funciona también como punto de entrada para quien no ha visto la saga clásica. Imagen: material promocional · datos de TMDB

Qué hace especial a la primera

Merece un apartado porque se recuerda mal. La película de 1976 no va de ganar: va de un hombre que sabe que va a perder y que solo quiere aguantar los quince asaltos para demostrarse algo. El combate ocupa una parte pequeña del metraje, y el resto es un retrato de barrio, de trabajo precario y de una relación tímida.

Ese enfoque explica por qué envejeció tan bien y por qué se sigue estudiando como guion: es un drama con estructura de deporte, no una película de deporte con toques dramáticos.

La saga como retrato de época

Vista en orden, la saga funciona como un recorrido por casi cinco décadas de cultura popular:

  1. Los setenta: realismo urbano, crisis y un héroe de clase trabajadora.
  2. Los ochenta: espectáculo, música, montajes de entrenamiento y geopolítica de camiseta.
  3. Los noventa: intento de vuelta al origen y desconcierto de tono.
  4. Los dos mil: cierre melancólico y consciente de la edad del personaje.
  5. La década siguiente: relevo generacional bien hecho, con el maestro convertido en secundario.

Preguntas frecuentes

¿Se puede empezar por Creed?

Sí, y funciona: está construida para presentar a un protagonista nuevo. Se gana bastante conociendo la historia previa, pero no es un requisito.

¿Cuál es la mejor?

El consenso apunta a la primera, con la sexta y la primera de la nueva rama como candidatas muy sólidas. La cuarta es la más divertida y la más discutida.

¿Hay que ver la quinta?

Es la más prescindible del conjunto y aporta poco a la continuidad. Quien haga el maratón completo la verá por coherencia; quien vaya con tiempo limitado puede saltarla sin perder nada esencial.

¿Cuánto dura el maratón completo?

Las seis primeras suman en torno a doce horas, y con las tres de la nueva rama se supera con holgura las diecisiete. Es una saga para repartir en varias semanas, no para un fin de semana.

¿Es necesario que me guste el boxeo?

No. Es una de esas sagas en las que el deporte es el marco y no el tema: lo que se cuenta es esfuerzo, clase social, envejecimiento y relevo. Mucha gente que no ha visto un combate en su vida la sigue entera.

Cartel de Rocky IV
La cuarta entrega es la más ochentera del conjunto y la que mejor resume el paso de la saga al espectáculo. Imagen: material promocional · datos de TMDB

Los combates, ordenados por lo que aportan

La saga tiene una decena de combates importantes y no todos cumplen la misma función:

  • El primero es una prueba personal: no se trata de ganar, se trata de aguantar.
  • El de la segunda es la revancha, con el planteamiento clásico del deporte.
  • El de la tercera introduce la idea del hambre: el campeón acomodado frente al aspirante que no tiene nada que perder.
  • El de la cuarta es puro símbolo: dos países, dos formas de entrenar y una escena de montaje que definió una década.
  • El de la sexta es el más melancólico: un hombre mayor que quiere comprobar algo por última vez.
  • Los de la nueva rama devuelven al centro la relación entre maestro y aprendiz, con el veterano fuera del cuadrilátero.

Lo que hace bien la nueva etapa

Es uno de los relevos generacionales mejor ejecutados del cine reciente, y funciona por tres decisiones. La primera, no repetir la estructura: el nuevo protagonista tiene su propio conflicto, ligado a la herencia de su padre. La segunda, convertir al héroe clásico en secundario real, con su propia trama y sin robar el foco. Y la tercera, filmar el boxeo de otra manera, con planos largos dentro del cuadrilátero que dan una sensación física muy distinta a la del montaje clásico.

Para quien vio la saga original en su momento, esa continuación tiene además un efecto emocional que conviene anticipar: es una historia sobre envejecer, y está contada sin sentimentalismo.

Detalles que se agradecen en un maratón

  1. Las escaleras. Aparecen en varias películas y cada aparición dice algo distinto sobre el estado del personaje.
  2. La música. El tema principal se usa con cuentagotas y siempre en el momento exacto; conviene fijarse en cuándo suena y cuándo no.
  3. La ciudad. Filadelfia es un personaje de la saga, y su cambio a lo largo de cinco décadas se ve en pantalla.
  4. Los montajes de entrenamiento. Es un recurso que la saga inventó y llevó al límite, y su evolución es un pequeño resumen de la historia del cine popular.

Qué se aprende viendo la saga entera

Además del recorrido deportivo, la saga funciona como un estudio sobre cómo cambia el cine popular. La primera película es un drama de autor con presupuesto mínimo; a partir de la tercera, el espectáculo manda; en la sexta se recupera la contención; y en la nueva rama se combinan las dos cosas con oficio. Ver eso seguido, en unas quince horas, es una pequeña clase de historia del cine comercial.

Y hay un elemento humano que atraviesa el conjunto: el protagonista envejece de verdad en pantalla, con el mismo actor durante casi cinco décadas. Eso es algo que muy pocas sagas pueden ofrecer, y produce un efecto acumulativo que ninguna película aislada consigue.

Tres consejos para el maratón

  1. No verlas seguidas. La estructura se repite y la repetición desgasta; una por semana funciona mucho mejor.
  2. Fijarse en los secundarios. El entrenador, el cuñado, la pareja y el rival convertido en amigo son el tejido que sostiene la saga.
  3. Ver la sexta antes de la nueva rama. No es imprescindible y mejora mucho el efecto del relevo generacional.

Un detalle de producción que explica la primera película

La película de 1976 se rodó con un presupuesto muy bajo, en pocas semanas y aprovechando localizaciones reales. Buena parte de su textura —las calles vacías al amanecer, el mercado, el gimnasio— viene de esa limitación, y el resultado es que la película parece un documental sobre un barrio con una historia dentro.

Ese origen explica también su tono. No hay grandes movimientos de cámara ni escenarios espectaculares: hay una escalera, una pista de hielo cerrada y un almacén de carne. Cuando la saga creció en presupuesto, ganó espectáculo y perdió esa cualidad, y por eso la sexta película y la nueva rama, que vuelven a mirar hacia el barrio, funcionan tan bien.

Es un buen recordatorio de algo que se repite en el cine popular: el dinero permite hacer cosas y no garantiza ninguna de las que hicieron buena a la primera.

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